El asalto a la embajada británica en Irán y “Mi tío Napoleón”

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El reciente asalto a la embajada británica en Irán nos lleva a pensar en Mi tío Napoleón, la novela del autor iraní Iraj Pezeshkzad. Sin duda es la novela más evocadora que se ha escrito sobre Irán en los últimos cien años y desde su publicación en castellano en Ático de los Libros, se la comparado con un Quijote moderno. El propio Pezeshkzad explicaba en una entrevista que «El personaje central de la novela, el tío Napoleón, ve escondida la mano del imperialismo británico detrás de cada acontecimiento que ha ocurrido en Irán hasta el reciente pasado. Por primera vez, la gente de Irán ha visto claramente el absurdo de esta creencia y ha podido reírse de ella. Hoy en día, en el lenguaje Farsi, la frase ‘Mi tío Napoleón’ se emplea en todas partes para indicar una creencia de que los complots británicos están detrás de todos los acontecimientos y va acompañada de burlas y risotadas».

La novela, que fue publicada en 1973 y se convirtió en la más vendida –y leída– de la historia del país, fue adaptada a una serie de televisión cuya audiencia en Irán sigue sin ser superada. Por desgracia, el gobierno de los ayatolás prohibió la novela en 1979 (hoy se vende bajo los mostradores, igual que circulaba la literatura prohibida en España en tiempos de la dictadura franquista), puesto que mostraba una sociedad iraní abierta y alejada del fundamentalismo religioso.

Lo más curioso es que, a pesar de haber prohibido la novela, el gobierno iraní parece decidido a darle la razón a Pezeshkzad y a mantener vivo el espíritu del tío Napoleón. Los jóvenes en las calles ya no creen en la fantasía de los demonios extranjeros y hace un año pusieron en aprietos al régimen, que pareció tambalearse y a punto de caer. A aquellas manifestaciones, que hoy han caído en el olvido y que ya nadie relaciona con la Primavera Árabe a pesar de que fueron su primera y más temprana manifestación, el gobierno iraní responde resucitando al tío Napoleón y culpando a los británicos, el poder colonial extranjero por antonomasia en la región, de los problemas que el propio gobierno iraní ha generado.

Es recomendable volver a leer Mi tío Napoleón, y no sólo porque es una novela divertida y tierna, no sólo porque su estilo entronca con Las mil y una noches y con Cervantes, sino porque en su sátira despiadada de la mentalidad cerrada y obsesiva del tío Napoleón, hoy constituye la mejor y más certera crítica a la mentalidad de la dictadura iraní.

 

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