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Foto: <em>Kanikosen</em> en El Periódico

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Kanikosen en El Periódico

31/03/2010

"Un libro que (...) que ya es un clásico en su país y (...) consagró a Kobayashi se publica por primera vez en España en la nueva editorial Ático de los Libros"

El auge de la literatura nipona / Clásicos recuperados

El mártir torturado

ANNA ABELLA
BARCELONA

La paliza fue tremenda. Cinco horas de torturas dejaron en su cadáver «terribles heridas» –la marca de un hierro candente en la frente, de una cuerda en el cuello, de esposas, la espalda abrasada, la carne hinchada por hemorragias internas...–. Takiji Kobayashi tenía solo 29 años cuando, tras ser delatado por un topo, la policía imperial japonesa lo detuvo el 21 de febrero de 1933 por sus actividades comunistas clandestinas. En el interrogatorio que le costó la vida no denunció a nadie. Según el falso certificado de defunción, murió por una «enfermedad cardiaca». Este es el relato del fin de este autor japonés convertido en mártir que a los pocos meses de su muerte el editor estadounidense incluía en una nota a la primera edición inglesa de Kanikosen. El pesquero, la obra que consagró a Kobayashi como el escritor proletario y que se publica por primera vez en España en la nueva editorial Ático de los Libros.


Viaje al infierno


Kanikosen es un canto a la rebelión de los trabajadores frente al patrón/empresario y al Estado explotador. Con una prosa descarnada que golpea sin ahorrar detalles sobre la cruda realidad, Kobayashi relata las penalidades y la opresión que sufren unos 200 pescadores y obreros a bordo de un viejo cangrejero japonés en el helado mar de Kamchatka, al este de Rusia. «Vamos hacia el infierno», son las primeras palabras del libro, que siendo ya un clásico en su país fue llevado al cine en 1953 por So Yamamura.
Sin embargo, sea por efecto de la crisis económica o por el descontento de los trabajadores más jóvenes, que se han mirado en el espejo de los protagonistas de la novela, no fue hasta el 2008, cuando se reeditó en Japón, que su popularidad se multiplicó: 1.600.000 ejemplares vendidos, una nueva adaptación cinematográfica de Sabu presentada el año pasado en el Festival de Berlín, fans en Facebook, traducciones al francés, italiano, noruego, alemán o coreano, y una versión manga del 2006 con 200.000 títulos vendidos.
Según el traductor de la edición castellana, Jordi Juste, que vivió ese boom como corresponsal de prensa en Japón, «todo empezó cuando un tertuliano comparó en televisión lo que pasaba en Kanikosen con la situación de los working poor, que, como los mileuristas, trabajan muchas horas por poco dinero, y con lo que ocurría en las empresas del país».


Azotes y miseria


El término Kanikosen se usó a partir de entonces para aludir a duras y precarias condiciones de trabajo, aunque en vista de lo que relata Kobayashi, hay que salvar las distancias: duermen hacinados en un infecto lugar que llaman «letrina», donde campan a sus anchas piojos, pulgas y chinches; el «patrón», en nombre «del desarrollo de la riqueza nacional», azota, golpea y marca con hierro candente a los que rinden menos y obliga a trabajar hasta la extenuación incluso a los enfermos. Pésimamente alimentados, «los trabajadores iban a morir al mar de Ojotsk, pero eso les importaba muy poco a los directivos que estaban en sus edificios de Marunouchi», escribe.


«Kanikosen es la novela emblemática de una literatura proletaria que no se conocía en España y muestra además cómo era el imperialismo japonés de principios del siglo XX», explica Juste. No hay que olvidar el objetivo último de Kobayashi, que los trabajadores oprimidos pasaran de la sumisión a la rabia: «¡Viva la huelga!».

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